Corte Suprema de Justicia. Sala de Casación Civil. Sentencia de mayo 31 de 1961. M.P. José J. Gómez R

“Según la de 28 de mayo de 1913 (XXIII. 1149 y 1150. 21), la dación en pago es fenómeno distinto del pago por consignación o por novación.

“De acuerdo con la de 4 de diciembre de 1925 (XXXII. 1659 y 1660, 130), la dación en pago es una forma de pago que extingue las obligaciones, aunque no se halla incluida expresamente entre los modos de extinguirlas, que de manera aparentemente taxativa, enumera el artículo 1625 del C. C.”

“La de 24 de mayo de 1926 (XXXII. 1685 y 1686. 331) reza que “la extinción de una obligación por dación en pago tiene lugar cuando, por acuerdo mutuo entre el deudor y el acreedor, éste recibe en pago, en lugar de la suma o cosa que debe, otra cosa equivalente”. “Si la dación –agrega- se hace en lugar de una suma de dinero, es sabido que tal acto constituye una venta y se rige por las leyes relativas a este contrato”.”

“Para la de 24 de marzo de 1943 (LV. 1906 y 1997. 247), mencionada en la sentencia del recurso, “la dación en pago tiene una naturaleza jurídica, una fisonomía propia, dentro de la cual el carácter predominante es su equivalencia con la solución o pago efectivo, esto es, constituye propiamente una manera de extinguir obligaciones.

Como modalidad de pago no puede confundirse la dación en pago con la venta, hasta el extremo de entender que puedan asociarse estos dos fenómenos jurídicos para tratarlos como el caso de la doble venta que gobierna el artículo”.

La de mayo 12 de 1944 (LVII. 2010. 368) considera que “hay una mutación en el objeto, que implica una verdadera novación. Pero sea o no que esta manera extintiva se hubiera realizado, es lo cierto que se pactó el cambio en cuanto al objeto de la obligación, y surgió al respecto otra, a saber: por parte de Dávila, traspasar al Banco en dominio y propiedad, unas acciones; por parte del Banco, aceptar este traspaso como causa extintiva de las obligaciones de aquél para con éste”.

“Y la fechada el 24 de junio de 1953 (LXXXV. 2130. 368) estima que la dación en pago es el mismo pago. … “Tres tesis se destacan sobre la naturaleza de esta figura. Según ellas, se trata de una novación de la primitiva obligación por una nueva, que el deudor satisface con la entrega de otra cosa; de un modo de extinguir las obligaciones equivalente al pago, con caracteres propios, o como una simple variación del pago; y de una compraventa, en que el deudor vende al acreedor la cosa que da en pago, por el crédito debido, que resulta compensado por el precio de la venta, a cargo del mismo acreedor.

“La mayoría de las legislaciones no regula la dación en pago, pero casi todas autorizan al deudor para pagar con otra prestación, si el acreedor consiente. El Código Civil Colombiano, al preceptuar en su artículo 1627 que “el acreedor no podrá ser obligado a recibir otra cosa que lo que se le deba ni aun a pretexto de ser de igual o de mayor valor la ofrecida”, admite que con la aquiescencia del primero puede el deudor pagar con otra cosa; los artículos 1971, ordinal 2° y 2407 del C. C. la contemplan en dos casos particulares y el 66 de la Ley 63 de 1936, alude a ella al tratarla como donación, para efectos tributarios sucesorales. Algunos códigos civiles la mencionan de paso, como el francés (1595, 1701) y el español (1521 y 1636). Otros, la someten, en cuanto a determinados efectos, a las reglas de la venta, como el alemán (365), y algunos, en la totalidad de sus consecuencias, como el del Brasil (995 y 996), el argentino (781, 2114 y 2180) y el uruguayo (1491). Entre nosotros Jaime Rodríguez Fonnegra y Arturo Valencia Zea propugnan la tesis de la novación (“El Contrato de Compraventa”, número 220 y siguientes, 1ª. ed. y “Curso de Derecho Civil Colombiano”. VI. Número 646 1ª. ed.).De modo que hay un evidente interés en la jurisprudencia y en la doctrina por dilucidar el punto, en aquellos casos en que la ley no adopta una concepción específica, a efecto de resolver determinadas situaciones, tales como la del acreedor que resulta evicto o la cosa adolece de defectos internos, o hay un distanciamiento pecuniario notable entre el valor de la prestación debida y la cosa con que ha sido satisfecha, aparte de otros temas que son los referentes a la capacidad, a la acción pauliana y a los riesgos que la cosa pueda sufrir antes de la entrega.

“… La dación en pago se presenta: Primero, como la convención entre un acreedor y un deudor de dinero u otra cosa o hecho, en virtud de la cual la prestación se satisface con la entrega de una cosa mueble o inmueble.

“Segundo, como acuerdo de voluntades, ya que sin el consentimiento del acreedor no puede el deudor operar ese cambio (1627), y además, como forma jurídica objetiva, que consiste en la entrega o tradición de la cosa que se da en pago. La dación no se produce sino mediante acuerdo y entrega, la cual siempre ha de implicar tradición del derecho real.

“Tercero, como operación en que si la cosa que se da es mueble, pueden llegar a ser simultáneos acuerdo y tradición: si inmueble, no, porque la convención demanda escritura pública, que antecede necesariamente a la tradición, que sólo realiza el registro.

“Cuarto, como forma que no obstante satisfacer al acreedor y liberar al deudor, presenta desarrollos ulteriores sometidos a regímenes distintos, según la tesis que se adopte sobre la naturaleza de la dación o los textos que prevean esos desarrollos.

“No es tarea simple elegir un rumbo en donde se cruzan derroteros opuestos aun en la interpretación de un mismo fenómeno legal, como acontece en el derecho francés, por ejemplo, para cuyos intérpretes se trata de una novación (Josserand “Tours” II número 927 ed. 1933); o de “un pago excepcional, conforme a la tradición del antiguo derecho francés” (H.L. y J. Mazeaud. “Lecciones de Derecho Francés”. Parte 2ªIII, número 895. Trad. de Alcalá Zamora y Castillo); o de una figura semejante a la venta (Colin y Capitant, “Cours Elementaire” II. p. 511, 6ª. Ed.).

“A) En la tesis de la novación no se ve con claridad la sustitución de la antigua obligación por una nueva que se extingue a la vez, de modo que hayan de realizarse tres fenómenos simultáneos: la extinción de la primera deuda, el nacimiento de la segunda y la cancelación de esta misma. Si se nova es para que una nueva obligación reemplace a la vigente, y viva, por lo tanto, de manera que pueda ser extinguida después. Pero, repugna que todo ello se ejecute en un instante, siendo así que han de verificarse hechos que necesariamente exigen un proceso cronológico, como son la desaparición de un vínculo, la creación de otro y el fenecimiento de este último. Según H. L. y J. Mazeaud, “la dación en pago no constituye la sustitución de una obligación por otra; consiste en la entrega de una cosa en lugar de la prestación debida; no crea una obligación nueva; extingue definitivamente toda obligación”. (Ob. Y t° cit. Número 890).

“Esto aparte, el aniquilamiento de la primera prestación destruye sus garantías, de suerte que si la cosa es evicta en manos del acreedor, la primitiva obligación no podría revivir, y la nueva, que sí renacería, no podría gozar de las seguridades de aquella. Y en caso de una marcada disparidad de valores entre la prestación satisfecha y el bien transferido, a lo cual son propicias con mucha frecuencia las circunstancias en que la dación se verifica, no hay posibilidad de que el deudor, como el acreedor, sean protegidos a causa de la lesión.

“B) La tesis de la forma de pago con rasgos propios, o como simple modalidad del pago efectivo, se distancia profundamente de éste, porque en realidad no lo es, ya que no satisface la prestación tal como fue pactada. El proceso de la obligación creada por el hecho del hombre, no puede tener sino un punto de culminación natural y necesaria; el cumplimiento, tal como fue convenido, de forma que si esa culminación se frustra, un nuevo vínculo, por serlo, viene a ser la negación de la obligación primitivamente contraída. “Pago anormal” lo llaman algunos tratadistas, y para Josserand “esta aplicación es demasiado simplista: no da cuenta de la convención que tiene lugar entre el acreedor y el deudor y que ha mudado el objeto de la deuda”. (Ob. y t° cits. Número 927). Y como en el caso que antecede, los efectos ulteriores de la dación, si el acreedor resulta evicto o la cosa contiene vicios ocultos, o una de las partes llega a soportar una pérdida desproporcionada en relación con el equilibrio que debe balancear las prestaciones, no pueden resolverse de una manera que satisfaga la equidad, factor éste que no debe ser ajeno a la dación en pago.

“C) La tesis de la venta –dando una cosa por una prestación en dinero- ofrece la explicación llana del fenómeno, aparte de que el carácter de conmutativo que es propio de dicho contrato, le presta a la dación un fundamento axiológico preponderante. Nuevas legislaciones, como antes se dijo, han consagrado esta figura explícitamente, reconociéndole todos los efectos de la venta, o algunos de los más importantes.

“Esta tesis no afirma que la dación sea una compraventa, no obstante los puntos de contacto entre las dos, al extremo de que es difícil demarcar las disparidades que las separan. Esta tesis sostiene la semejanza entre tales actos, como enseñaron los romanos de la época justinianea, y más tarde Pothier al ver en la nueva prestación de dar, la cosa del contrato de venta, y el precio, a cargo del acreedor, en el crédito primitivo compensado con aquél. (V. Jaime Rodríguez Fonnegra. Ob. cit, número 218).

“…Planiol, Ripert y Esmein, para quienes se trata de una novación, no niegan la analogía existente entre la dación en pago y la venta, ni la presencia en la primera de algunos elementos de la última; la obligación de dar y el carácter oneroso; ni tampoco la tendencia de tratar determinados desarrollos de la dación, según los ordenamientos del mencionado contrato, referentes al privilegio del deudor-vendedor en caso de que el acreedor-comprador deba pagar un saldo excedente; a la rescisión por lesión enorme; al saneamiento por evicción o por vicios internos de la cosa, si bien advierten que por ello “todas las reglas de la venta no puedan sin embargo ser aplicadas en bloque” (Traité Theorique y Pratique de Droit Civil Francaise. VIII. números 1250 y 1253, ed. 1931). Blas Pérez González y José Alguer, al traducir y anotar el tomo II, vol. 1° (“Derecho de Obligaciones”) de Enneccerus y Lehmann, ed. 1933, dicen que en su concepto “es aplicable al código español –que no determina la naturaleza de la dación, ni le asigna efecto alguno de la venta- la construcción del texto alemán, según la cual el convenio sobre la datio in solutum es un contrato oneroso de enajenación”, al cual le “son aplicables por analogía las reglas de la compraventa”, Jaime Santos Briz hace igual observación al respecto al mismo código de España, al anotar en la obra de J. W. Hademann: “Este paralelismo (entre la dación en pago y la venta) aparece en los artículos citados (1521 y 1636 del C. Civil español)”, que apenas menciona la dación. (“tratado de Derecho Civil”, vol. III, número 24. III. Nota de la p. 194, ed. española 1958).

“Hademann, ya nombrado, afirma que “la dación en pago no es una verdadera compraventa; pero el deudor responde como un vendedor por los eventuales vicios jurídicos de la cosa”. (Obra, vol., número y pág. cit.).

“Claro Solar, al hacer referencia a esta figura en el Derecho romano y el antiguo Derecho francés, dice:

“Cuando la dación en pago consiste en dar una cosa por una cantidad de dinero, rem pro pecunia, se alega la analogía que existe entre ella y la compraventa. En verdad, en la dación en pago, la operación es poco más o menos la misma que si el deudor vendiera su cosa al acreedor mediante un precio igual al monto de la deuda. El acreedor debe hacerse propietario de la cosa; y la deuda se extingue por compensación con el precio.

“Por eso el Derecho romano, a propósito de la datio in solutum habia formulado la regla que ejusmodi contractus vicem venditionis obtinet y Photier decía que ´este acto es muy parecido al contrato de venta. La cosa que es dada en pago ocupa el lugar de la cosa vendida; y la suma en pago de la cual la cosa es dada hace las veces de precio´”. (Explicaciones de Derecho Civil Chileno y Comparado!, t° 1°, número 1677)

“H. L. y J. Mazeaud, para quienes se trata de un pago particular o excepcional, en la citada obra, número 899, consideran “que la dación en pago, en otros aspectos también, coloca al ´solvens´y al áccipiens´en la situación de un vendedor y de un comprador”.

“Para el caso en que el valor de la cosa sea mayor y quede, por tanto, un saldo a favor del deudor, dicen: “Si se ha pactado, por tener el objeto dado en pago un valor superior al importe del crédito, que el accipiens abonaría diferencia al solvens, éste último se beneficia del privilegio del vendedor para cobrar el saldo”.

“La situación de que la cosa entregada resulte evicta, la resuelve así: “Cuando el accipiens sufra la evicción, o cuando la cosa esté afectada por vicios ocultos, dispone el accipiens, al igual que el comprador, de la acción de garantía por vicios ocultos y de la acción por evicción?. Si se otorgan esas acciones el accipiens, no solo podrá recobrar su crédito, sino obtener el abono de daños y perjuicios y conservar los frutos que haya percibido. Si, al analizar la dación en pago como un simple pago, se niega el acudir a las reglas de la compraventa, el accipiens que sufra la evicción estará en la situación de un acreedor que ha realizado un pago nulo; no podrá obtener más que el cumplimiento de su crédito. Parece que hay que pronunciarse a favor de la acción de garantía. Negarse a ello sería descuidar uno de los aspectos de la dación en pago, que un acuerdo de voluntades relativo al pago; el solvens se compromete a garantizar la propiedad de la cosa y la ausencia de vicios ocultos”.

“Relacionando la dación con la acción pauliana, dicen: “Los acreedores del solvens pueden impugar la dación en pago por medio de la acción pauliana, cuando el solvens, en fraude de sus derechos, ha hecho salir de su patrimonio el objeto dado en pago? La acción pauliana no se concede contra los pagos (cfr. Infra, número 985); pero sí contra las enajenaciones. Para la Corte de casación (Re., 24 de enero de 1900; cfr. Infra. Lecturas, II; Req., 9 de mayo de 1910; D. 1910, 1942), el carácter de compraventa prevalece; los acreedores pueden invalidar las daciones en pago fraudulentas a ese respecto”.

“Y refiriéndose a la lesión enorme: “Cuando el objeto dado en pago es un inmueble, y la dación en pago entraña para el accipiens una lesión de más de los siete doceavos, se le reconoce la acción rescisoria por lesión”. (Ha subrayado la Sala).

“… La analogía entre la dación en pago de una cosa por un crédito de dinero, y la venta, es generalmente reconocida, sin exceptuar a quienes se pronuncian por la tesis del pago o de la novación. Se habla de analogía, no de identidad. Si se tratara de identidad el problema no existiría, y no hay jurisprudencia ni doctrina que la sostenga. Debe tomarse en este sentido la expresión de “similitud perfecta” que emplea la citada casación de esta Corte, de 16 de septiembre de 1909, y la de que si la dación se hace por un crédito en dinero, “tal acto constituye una venta”, de que se vale la sentencia de 24 de mayo de 1926, también mencionada anteriormente.

“La ley civil no ha definido la naturaleza de la dación en pago; tampoco ha regulado expresamente todos sus efectos; es decir, no hay ley exactamente aplicable al caso aquí controvertido, en el cual se discute sobre el alcance jurídico de la dación en pago, y en concreto si en ella funciona la acción de la lesión enorme.

“Más, dado el paralelismo existente entre los elementos esenciales de la compraventa y los que se destacan en la dación en pago de una cosa mueble o inmueble por un crédito de dinero, y el carácter conmutativo de ambas operaciones, la Corte, sin desconocer a las demás tesis expuestas el mérito de sus fundamentos, y siguiendo la enseñanza de algunos de sus fallos, reconoce que hay una clara analogía entre las expresadas convenciones, y que son aplicables, por tanto, las normas que rigen la venta y sus efectos, a la dación de cosas en pago de obligaciones de aquella especie.

La Corte se apoya para ello en la disposición del artículo 8° de la Ley 153 de 1887, que así provee a la función de la doctrina como fuente de Derecho Positivo, encargada de actualizar la ley y renovar la jurisprudencia.

“… Consecuencialmente, el fenómeno de la dación en pago no puede sustraerse al estatuto de la lesión enorme de la venta. Ha sido llamada la dación en pago “convenio oneroso de enajenación”, y algunas decisiones de esta Corte destacan la equivalencia que debe existir entre el crédito debido y la cosa que se entrega, de manera que cuando al carácter oneroso se agrega la virtud de la equivalencia, se produce el rasgo conmutativo sustancial de la dación en pago, o sea, el equilibrio económico de las prestaciones, el cual se manifiesta y sanciona, en un primer plano, en el contrato de compraventa, por medio de la acción de lesión enorme, en materia de inmuebles, y, después de las demás figuras jurídicas en que está consagrada, signo en todas ellas del afán de la ley en asegurar ese equilibrio sin menoscabo de una mesurada libertad contractual. Así, en la partición (1405), el mutuo remunerado (2231) y la anticresis (2466).

“El artículo 1601 trae una norma reguladora de la pena convenida por las partes, en las condiciones allí prescritas, y aun deja a la prudencia del juez la facultad de moderarla en determinados casos, con mira al mismo propósito. Y la jurisprudencia de la Corte ha aplicado las reglas sobre la lesión enorme, al contrato de permuta, como puede verse en las casaciones de 13 de marzo de 1958 (LXXXVII. 2194. 445) y 28 de enero de 1959 (XC. 2207 a 2209. 8).”

 
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